
En concreto el problema se le ha presentado por la patente de la cámara que incorpora el iPhone, que según la compañía St. Clair Intelectual Consultans, es suya. O mejor dicho, lo que consideran de su propiedad es el sistema para transformar cualquier formato de fotografía tomada con un teléfono móvil, por tanto cualquier terminal que saque una fotografía y la convierta en otro formato, tiene que pagar derechos.
Y es que según parece, lo de patentar cualquier cosa a veces puede ser demasiado ambiguo, y en este caso en concreto, el invento es demasiado genérico para ser patentado por una compañía en concreto. Y aquí es donde surge el negocio de esta compañía con su patente. Ellos no fabrican ningún tipo de hardware, simplemente se dedican a demandar a todas aquellas compañías que utilizan este sistema de cambio de formato.
Y por ahora no les ha ido nada mal. Con solamente ocho empleados, dos de ellos abogados, han conseguido sacar cifras millonarias a compañías como Canon, Sony y Fujifilm. Apple ha sido su siguiente víctima, y decimos víctima, porque parece que los de Cupertino quieren evitarse más pleitos y piensa pagar. Por lo visto, esta vez la gente de Apple ha encontrado a unos mucho más listos que ellos mismos.